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Como es dentro, es fuera

By: arquitecto segovia | 6 Ene 2018
Voy por el campo, una bonita mañana de otoño, un día soleado y maravilloso. Camino tranquilo y disfrutando del aire fresco, del sol, del cielo y de los árboles.
 
De repente me encuentro una lata de cerveza. Está tirada en el suelo, retorcida y vacía. La veo a gran distancia porque brilla entre los matorrales.
 
Continúo mi camino y, a los pocos metros, me encuentro una bolsa de patatas fritas.
 
Paso a paso voy descubriendo por el campo cajetillas de tabaco, pequeños bricks de zumos y otras bebidas súper azucaradas, envoltorios de chocolatinas y snacks, latas de bebidas carbonatadas, envases de medicamentos, trocitos de vidrio de botellas de alcohol -de alcoholes brutotes-. Todos ellos, al contrario que lo demás que hay en el entorno, exigen atención, quieren ser vistos y, lejos de aportar belleza, salud, bienestar o seguridad, aportan justo todo lo contrario.
 
En el campo no hay un solo envoltorio de comida sana. Qué curioso que los envases de los productos sanos no se tiren por el campo ni por las calles de las ciudades contaminando el medio ambiente!!
 
Resulta obvio que las personas que arrojan basura y destruyen el medio tienen la mente más destructiva y peligrosa que aquéllas más sensibilizadas a la hora de consumir lo bueno, lo sano o lo justo. Y parece obvio también que los que dejan basuras en su entorno previamente han dejado basuras en sus propios cuerpos.
 
Esto que digo salta a la vista en muchos bares españoles, donde las personas, con conciencias bastante alteradas, arrojan sus desperdicios directamente al suelo.
 
Salta también a la vista en las calles salpicadas de colillas de cigarrillos. El que se desprecia y se maltrata, también desprecia y maltrata todo lo que le rodea y a todos.
 
En los edificios en los que las personas se tensan es fácil comprobar cómo las colillas se acumulan en las puertas, pues todos los apegados al tabaco salen a la puerta sin paz ni mesura ni capacidad de reflexión, ávidos de sus dosis.
 
No podemos destruir nuestro exterior sin destruir al mismo tiempo nuestro interior. La destrucción del mundo pasa ineludiblemente por la destrucción de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Una mente sana jamás destruiría la casa en la que vive, sino que la habitaría con paz y profunda felicidad.
 
Es la sutil perfección del mundo en el que vivimos: El que destruye lo que le rodea se destruye ineludiblemente a sí mismo. El mundo sólo puede ser destruido por mentes destruidas. El mundo es, en última instancia, como somos nosotros. Y es, en sí mismo, igual que todos nosotros… perfecto. Per-fecto viene del latín, y es lo “hecho por completo”.
 
Los plásticos y metales plastificados, con sus brillos y su materia inerte a la naturaleza, son atractivos y eficaces captando nuestra atención; pero claramente peligrosos fuera de nuestra mente de laboratorio.
 
Todo empieza en la cabeza.
 
Virginia Santos y José Antonio Santos : )

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