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Estabilidad

By: arquitecto segovia | 3 Mar 2016

Sabemos bien, muchas veces a simple vista, analizar la estabilidad de las formas de las que disponemos a nuestro alrededor. Fácilmente podemos ver:
· cómo una forma nos parece muy estrecha o muy alta
· cómo una forma nos parece más estable que otra (nos resulta, por ejemplo, mucho más estable un cono que un cono invertido)
· que un tablón es mucho más estable si está dispuesto plano y horizontal en el suelo que de pie y vertical.
O, dicho de otro modo… ¿cuántas veces hay que tirar una moneda para que caiga de canto? ¿qué hace el agua si lo viertes en una superficie?… Dentro de las circunstancias que tenemos, a las que llamamos planeta tierra: cuanto más horizontal y plana sea una forma, más estable es.

La aplicación de este concepto a la construcción de edificios es evidente y automática. Exactamente igual que el tablón de madera… cuanto más horizontal y plano sea lo que se quiere construir, más estable es. En la tradición vemos que los edificios en altura son una excepción y que, cuando se construyen, siempre tienden a buscar la estabilidad en la horizontal. Es decir, tienden a solucionar el problema de la estabilidad refugiándose de un modo u otro en la forma de pirámide, en la componente horizontal. El mismo planteamiento de dependencia de la horizontal podemos verlo en grandes templos, catedrales o castillos… empezando mismamente por el Alcázar de Segovia y dándole tantas vueltas al mundo como se desee. -imágenes de referencia tomadas de google imágenes-

Pero igual podemos aplicarlo a la forma de poblar el territorio, a la organización económica y social, a los sistemas de educación, de agricultura, al “gran edificio de la ciencia” o a cualquier organización/construcción que queramos. Lo que nos lleva a preguntarnos por ejemplo:
· ¿estamos poblando el territorio de un modo equilibrado, solucionando los pequeños problemas, o quizás nos estamos concentrando en megalópolis que solo piensan en crecer/subir para solucionar después las enormes dependencias de éstas?
· ¿está nuestra sociedad/economía con los pies en la tierra, o tal vez estamos buscando con estas construcciones subir más y más?
· ¿la educación debe consistir en la eterna escalada hacia las cumbres de la sociedad, o más bien cimentar la convivencia de las personas en el mundo?
· ¿la agricultura actual colabora con la tierra buscando el bien de los humanos y de la tierra misma, o abusa de ella y la expolia, para crecer más y más? ¿Los actores de la agricultura actual son respetuosos con la tierra, o dejan su ejecución a robots y máquinas mientras ellos están entretenidos en extrañas estratagemas burocráticas definidas por lo que llaman “crecimiento”?
· ¿es “el gran edificio de la ciencia” una construcción horizontal que estudia lo sencillo y práctico buscando soluciones, o es, en cambio, un afilado rascacielos que persigue el último y excéntrico descubrimiento en el mundo confuso de la física de partículas?

Los materiales de nueva aplicación en el mundo de la construcción, entre los que encontramos el acero y el hormigón, han abierto un enorme abanico de formas y de soluciones estructuralmente viables, ecológicamente sospechosas y siempre costosas. Pero la estabilidad va mucho más allá, es algo mucho más amplio que no se resume en la forma de una estructura. Es estupendo poder hacer edificios con formas excéntricas y súper llamativas -descubriendo nuevas formas nos sentimos como un niño con zapatos nuevos-… pero ¿merece la pena cambiar una tierra cuidada, trabajada, poblada y, sobre todo, llena de vida, por el último churro calificado como “cultural” que han puesto en la megalópolis de turno?

La estabilidad habla de lo horizontal (que es lo material, lo práctico, lo duradero)… frente a lo vertical (que es lo espiritual, lo teórico, lo cambiante), y la cuestión que planteo es, en el fondo, muy simple. Una sociedad que invierte sumas infinitas de dinero público en llegar a Marte a la vez que fomenta la estupidez entre los contribuyentes es, obviamente, una sociedad inestable y desequilibrada. No es malo ser inestable; no pretendo decir tal cosa. Para mí la inestabilidad es, simplemente, un hecho. Muchas cosas han cambiado, muchas cosas todavía tienen que cambiar, y no ha llegado aún la calma necesaria para sedimentar, para estabilizar las estructuras. O, como dijo Antonio Gramsci: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos».

Tarde o temprano tendrá que llegar el momento en que veamos estos grandes churros con la objetividad suficiente como para hacerlos en la medida oportuna. Si queremos construir churros, estupendo, todo se puede hacer si se hace bien… pero tenemos que valorar antes de hacerlo si de verdad no es mucho mejor, en todos los sentidos, vivir en una tierra sana que en una megalópolis. Si, por el contrario, no elegimos el bosque… nuestra elección tristemente podrá pasar por encima de nuestro cadáver.

Alguien podría decir: ¡oye! los árboles no son horizontales, ¿no son estables?… ¡Cierto! De hecho es el bosque el que perdura; el árbol, como nosotros, pasa.

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José Antonio Santos Pérez 🙂

 

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